2016/07/21

Michael Bublé - White Christmas,featuring Kelly Rowland & Naturally 7

Publicado por Navidad en Bogotá
Michael Bublé - White Christmas (Home For Christmas),
featuring Kelly Rowland & Naturally 7 


Michael Buble, Kelly Rowland & Naturally 7 perform "White Christmas" (Home For Christmas) on Dec 2011. All rights and credits reserved to the respective owners. Courtesy Music Publishing Rights Collecting Society Michael Buble's album "Christmas" 2011 


"White Christmas"

I'm dreaming of a white Christmas
Just like the ones I used to know
Where the tree tops glisten
And children listen
To hear sleigh bells in the snow

I'm dreaming of a white Christmas
With every Christmas card I write
May your days be merry and bright
And may all your Christmases be white

I'm dreaming of a white Christmas
just like the ones I used to know
Where the tree tops glisten
And children listen
To hear sleigh bells in the snow

I'm dreaming of a white Christmas
With every Christmas card I write
May your days be merry and bright
And may all your Christmases be white

I'm dreaming of a white Christmas
With every Christmas card I write
May your days be merry and bright
And may all your Christmases be white

2016/06/19

La Hiedra y el Acebo

Publicado por Marisol Guerra

La Hiedra y el Acebo


La Hiedra y el Acebo
Se cultivan en ley, 
De los árboles que en el bosque hay
 El acebo es el rey.
El acebo lleva una cruz 
Tan largo como el lirio, 
Y ese es tu pueblo señor
Que luce salvador. 
El acebo lleva un amor



Tan roja como sangre, 
Y ese es tu pueblo señor
Bendice al pecador. 
El acebo lleva una espina
Igual a un alfiler
Y ese es tu pueblo señor
Que siempre va a volver.
La corteza del acebo 
Amarga como hiel, 
Y ese es tu pueblo señor 
Dulce como la miel.
El cebo y la hiedra
Se cultivan en ley, 
De los árboles que en el bosque hay 
El acebo es el rey.

La Navidad de Pequeña

Publicado por Marisol Guerra
Era la víspera de Navidad y pequeña acababa de colgar su bota de la chimenea, lista para que Papá Noel la viese al llegar a la casa. Ella sabía que él vendría porque, bueno, era Navidad y además siempre había venido en las anteriores Navidades que recordaba. 
Sin embargo, esta vez no estaba muy convencida. En el fondo de su corazón tenía un presentimiento. Cuando no has visto algo con tus propios ojos, es muy difícil creer que en realidad existe. 
---Vendrá---se dijo Pequeña---. Sé que pasará por acá antes de que amanezca; sin embargo, desearía…
--- ¿Qué desearías?---dijo una suave voz muy cerca de ella, tan cerca que Pequeña se estremeció al escucharla.
--- Desearía poder ver a Papá Noel con mis propios ojos. Me gustaría conocer su casa, y su taller y montar en su trineo y conocer a su esposa. Sería muy divertido, y tendría la seguridad de que existe.
--- ¿Y porque no vas? ---dijo la suave voz---. Es muy fácil, solamente calzas estos zapatos, tomas esta luz y sigues el camino.  
Pequeña miro hacia la chimenea y noto que había dos zapatos, unos a cada lado, y una chispa de luz muy cerca de ellos. Con rapidez se quitó sus zapatillas y se los calzó. Parecían tan pequeños… pero no lo eran, ¡le quedaban a la perfección! Cuando estaba lista, sintió una ráfaga de viento que la transportó hacia arriba por la chimenea, pasando por entre muchas más luces, las hadas del hollín, hasta salir a donde se encontraban Jack Frost y el resplandor de las estrellas decorándolo todo para la Navidad. 
Pequeña se alejaba con sus zapatos, con la luz y los demás, hasta parecer una estrella más en el cielo. Era muy gracioso, pero sabía el camino a la perfección. Al final de cuentas era una ruta en camino recto, y cuando no hay que pensar en giros a la derecha o a la izquierda, todo es mucha más fácil. Rápidamente, Pequeña notó cómo una luz muy brillante la rodeaba, y su corazón se llenó de alegría. No sabía que los espíritus y las hadas de la Navidad la rodeaban llenaban de júbilo su travesía, pues no las podía ver. 
Pequeña quería reír, cantar y divertirse. Pero recordó al niño enfermo de la casa de al lado y prometió llevarle uno de sus libro de colorear para hacerlo feliz. Siguió su camino y cuando la luz a su alrededor era demasiado brillante, notó un paisaje, justo enfrente de ella, que guiaba hacia una casa con muchísimas ventanas. Al acercarse vio que en las ventanas había velas verdes, rojas y amarillas, y que su luz era muy brillante; se dio cuenta de que estas eran las luces de Navidad que la guiaban en su recorrido. Tuvo el presentimiento de que esta era casa de Papá Noel y que era muy pronto lo conocería.
Al acercarse a las escaleras, y antes de poder tocar la campana, la puerta se abrió de par en par. Papá Noel no estaba allí, pero si había un hombrecillo muy gracioso de piernas delgadas y estómago regordete que saltaba cada vez que reía. Notaras inmediatamente, tal como Pequeña lo notó, que el hombrecillo era muy feliz, y sabrás también que la razón por la cual era regordete eran sus risas, sonrisas y carcajadas permanentes. Tan rápido como un parpadeo, levanto su gorro rojo, esbozó una enorme sonrisa y dijo: 
--- ¡Feliz Navidad! ¡Feliz Navidad! ¡Sigue, puedes entrar!
Pequeña avanzó sostenida de la mano del hombrecillo y notó que dentro de la casa ardía el fuego más rojo y alegre que hubiese visto en su vida y que a su alrededor trabajaban los hermanos y hermanas del hombrecillo. Se presentaron como “Feliz Navidad,” “Buenos Deseos” y muchísimos nombres relacionados con la época. Había tantos personajes que Pequeña supo inmediatamente que jamás podría contarlos, sin importar cuántas veces lo intentara.
A su alrededor había regalos y paquetes y montones de juguetes y juegos, y pequeña supo que ya estaban listos para ser llevados al trineo de Papá Noel. Sus renos los llevarían por encima de las nubes y los montones de nieve a todos aquellos que habían dejado sus botas listas para Navidad. Rápidamente todos los duendes empezaron a correr y a afanarse, y a llevar los paquetes hacia las escaleras desde donde Pequeña escuchaba las campanas y el revoloteo de los cascos de los renos. Entonces Pequeña decidió ayudar también, agarró algunos paquetes y los cargó. En el jardín estaba el trineo más grande que hubiese visto jamás. Los renos piafaban y saltaban y brincaban, pues estaban listos para bajar una vez más a la Tierra. 
No podía esperar a que apareciera Papá Noel. Y mientras se preguntaba en dónde podría estar, se abrió nuevamente la puerta y apareció un bosque que árboles de Navidad. Parecía como si el bosque entero saliera a dar un paseo, pero al observar cuidadosamente se dio cuenta de que se trataba de miles de espíritus navideños que llevaban en sus espaldas árboles o cintas de la temporada. Detrás de ellos pudo escuchar a alguien que reía fuertemente y que hablaba con un tono grueso, jovial, y que daba la impresión de ser un buen amigo de todos. 
Enseguida notó que Papá Noel se acercaba. Afortunadamente no fue mucho lo que tuvo que esperar, pues al segundo escuchó: 
---Dios te bendiga, ¿Quién eres y de dónde vienes? 
Pequeña pensó que tal vez no podría responderle, pero en realidad sus palabras fluyeron rápidamente. Los ojos de Papá Noel tenían un brillo que la llenaron de confianza, y por esto contestó:
--- Soy Pequeña y deseaba ver lo que vine, ¡y acá estoy!
--- ¡Jo, Jo, Jo! Rio Papá Noel ---. ¡Y acá estás! ¡Querías verme y por eso viniste! Muy bonito de tu parte, aunque siento mucho estar de afán y no poder mostrarte mi fábrica y pasar un buen rato contigo. Como verás falta un cuarto para las doce y debo partir o no alcanzare a llegar a la chimenea antes de que el reloj marque la media noche. Llamaría a mi esposa y le pediría que te ofreciera sopa, peor se encuentra también ocupada terminando de vestir a las muñecas que deben estar listas antes del amanecer. ¿Hay algo en especial que desees hacer, Pequeña?
Papá Noel acaricio la cabeza de Pequeña y ella sintió su corazón lleno de calidez y ternura. Notarás, estimado lector, que aunque Papá Noel tenga mucho afán, nunca estará demasiado ocupado para detenerse un momento y hacer feliz a alguien, incluso si ese alguien no es más grande que Pequeña. 
Pequeña sonrió y le contesto:
--- ¡Oh, Papá Noel! Si simplemente pudiese viajar contigo en tu trineo. Me gustaría muchísimo, ¿podría hacerlo, por favor? soy tan pequeñita que ni siquiera ocupare campo en tu silla y me quedaré callada sin molestar.
Papá Noel soltó una gran carcajada, enorme y fuerte, y dijo: 
--- ¿Quieres venir con nosotros, eh? Pues bien, ¿Qué piensan duendes?, ¿desean que la llevemos hadas?, ¿Qué crees tú, hermoso reno?
Los pequeños duendes saltando y brincando le trajeron un ramo de acebo; las diminutas hadas sonriendo y con amabilidad le brindaron un trozo y muérdago y los renos piafaron fuertemente queriendo decir “¡será bienvenida!” y antes de que Pequeña pudiera pensarlo se encontraba al lado de Papá Noel, abrigada. Partieron volando por los aires, sobre las nubes y hacia la Tierra, y divisaron las luces de las casas que los esperaban. Sabía que Papá Noel se deslizaría muy pronto por una de las chimeneas. ¡En realidad deseaba estar allí! Mientras Pequeña deseaba con todo su corazón poder acompañarlo, escucho una voz que decía: 
--- ¡Sostén mi brazo con fuerza! ¡No te vayas a soltar! Y eso hizo. Papá Noel cargó un paquete sobre su hombro y un segundo después de deslizarse se hallaban en medio de una sala junto a la chimenea y las botas.  
Papá Noel se había olvidado de Pequeña pero se alegró mucho al ver que estaba a su lado. 
--- ¡Dios te bendiga, preciosa! ¿Dónde estabas, Pequeña? ¿Y cómo se supone que vamos a subir por esa chimenea los dos? Es muy fácil descender, pero subir es otra cosa --- dijo Papá Noel preocupado.
Sin embargo, Pequeña ya estaba cansada pues su día ya había sido interminable. 
Por esto le contesto: 
--- No te preocupes, Papá Noel. He vivido un hermoso momento, creo que me quedaré acá por un rato. Voy a acomodarme en este sillón por unos segundos y dormiré están cómodo y caliente como el de mi casa aunque creo que es el de mi casa pues Osito esta allá en su silla, justo donde lo deje. 
Cuando Pequeña dio vuelta para agradecer a Papá Noel y despedirse de él, ya no lo vio. Seguro había salido rápidamente o ella se había quedado dormida al instante --- nunca pudo saber qué pasó --- pero lo que si sintió en sí fue que su papa le abrasaba y le decía:
--- ¿Qué hace mi Pequeña acá abajo? Debes estar en cama; Papá Noel no vendrá si se da cuenta que hay niños por aquí. 
Pequeña sabía mucho más y empezó a relatarle su historia: le contó cómo las hadas la habían saludado y como los duendes le había hablado, y como Papá Noel le avía llevado en su trineo.
Papá rio y le dijo:
--- ¡Tuviste un lindo sueño, preciosa!
Pero Pequeña sabía que lo había vivido, pues en su mano aún tenía las moritas navideñas que uno de los duendes le había regalado. Además se había quedado dormida en el sillón donde Papá Noel la había abrigado y esto era prueba suficiente.